Esta energía te puede cambiar la vida. Es una frase hecha, pero muy cierta, por lo menos en nuestro caso. Por amor al Reiki fundamos una editorial y publicamos un libro del maestro Hiroshi Doi. Por amor al Reiki hemos hecho muchas cosas. Es un amor diferente, difícil de precisar en palabras. Es una sensación de paz que va más allá del lenguaje, por eso necesitas experimentarla y después compartirla con los demás. Ahora, con nuestra sede en Pamplona, hemos retomado una de las prácticas base: el Reiki en camilla.
De qué va esto
¿Qué se puede esperar de una terapia de Reiki? ¿En qué consiste? Bien, la imposición de manos, como se conoce de manera más popular, es la transmisión de la energía por parte de un terapeuta o reikista a una persona tumbada en una camilla o sentada en una silla. El terapeuta es un mero canal por donde pasa la energía y a través de sus manos recorre diferentes zonas del cuerpo (las llamadas 12 posiciones), desde la cabeza hasta los pies, sin tocar, o como mucho usando el tacto de pluma.
En la sesión se deja todo en manos de Reiki, pues la energía siempre acude allí donde más se necesita. No se usa la fuerza mental ni mantras o fórmulas similares, solo un vaciarse del ego para que el Reiki llegue de la forma más limpia posible. Suelen ser sesiones de 50 minutos. El receptor o paciente no tiene que visualizar ni hacer nada especial, solo relajarse y abrirse a la experiencia. La energía siempre respeta lo que uno requiere para armonizar su interior.

Un reset del sistema nervioso
Los efectos más usuales a nivel físico son sentir que el cuerpo se entrega a una relajación muscular profunda, a un descanso de verdad. Es muy frecuente notar calor intenso u hormigueo en las zonas donde el reikista coloca las manos. Y también una sensación de que el cuerpo pesa y se hunde en la camilla, liberando tensiones de las que quizás no eras consciente (se activa el sistema parasimpático). Asimismo, se puede entrar en un estado de duermevela (ondas theta) o de sueño reparador.
Luego, se producen efectos mentales y emocionales positivos. El Reiki no solo trabaja sobre el cuerpo y suele favorecer la limpieza del ruido mental. Muchas veces se genera una paz y una claridad sorprendente al disminuir el flujo de pensamientos intrusivos, como si alguien hubiese pulsado el botón de pause en el barullo de tu cabeza. Sales con la sensación de tener la mente cristalina y una ligereza emocional, como si hubieras soltado una carga.

Un buen acompañante
El Reiki no es una panacea, pero sí favorece el descanso y que el cuerpo encuentre un lugar de relajación profunda desde el que funciona mejor. Las personas que reciben sesiones de Reiki de forma habitual señalan que duermen mejor, se sienten con más paz interior, etc. En procesos de cáncer u otras enfermedades graves muchos pacientes relatan un alivio en los síntomas físicos de dolor. Reiki ayuda a despertar la capacidad autoregeneradora del cuerpo y proporciona un equilibrio general.
Un reikista responsable jamás te dirá que abandones el tratamiento médico para curarte solo con sus manos. Uno nunca sabe lo que necesita la persona, pero sí sabe que las sesiones en camilla ayudan a ser y estar en el proceso de un modo más consciente y amable con uno mismo. En este sentido, en Reiki se busca más la sanación que la curación. Sanar es un concepto más hondo que tiene que ver con liberarse de patrones tóxicos internos (mente), con ir más allá de la prisión del personaje-ego, con independencia de lo que suceda en la superficie (cuerpo), aunque sus efectos siempre resuenen en lo físico.

Quien da, también recibe
Esto quizá pocos lo saben, pero lo bueno para un reikista que da una imposición de manos es que recibe los mismo beneficios que se lleva la persona tumbada en la camilla. Y eso es porque al convertirse en un mero canal la energía pasa por su cuerpo (y por su mente). Recuerdo que cuando tenía la hernia umbilical daba sesiones como reikista voluntario en la Asociación Gendai Reiki Ho Madrid. Recuerdo que llegaba con dolor y que me iba sin molestias, feliz.
Por eso siempre queremos dar más sesiones de Reiki. En realidad, es una especie de autocuidado que se extiende a los demás. Y también es una meditación, pues se trata de soltar el apego emocional y mental propio y ajeno, como entrar en un espacio neutro. Significa soltar el control, abandonar la productividad y ser capaz de entregarse al momento presente, a lo que sucede en el ahora, y de escuchar desde el silencio lo que nuestro Ser tiene que decirnos. Y eso, siempre, sienta bien.


